Siempre el nacimiento viene de lo oscuro. (j.f. Moratiel)Hallarse en el vivir de oscuridad, en ese sentir de vacío, de esa nada que nos inunda, crea en nosotros dolor, tristeza, sentimos hundir nuestro ánimo y nuestra habitual expresión se torna triste. Nada parece alegrarnos, ni los colores de la vida pintan nuestras horas de vida… leer, escuchar, recordar las palabras de Moratiel es una solución, no es una fórmula mágica, no es una parche que podamos ponernos en el día de hoy, no es una píldora para calmar el dolor de cabeza, no es eso ni mucho menos. Retomar el sentido de las palabras de Moratiel es recordar y caer en la cuenta que en la oscuridad nos desprendemos de aquellas cosas que pierden valor, de aquello que ya carece de interés, nos ayuda a valorar y a dar sentido a lo más pequeño de la vida, a lo discreto, a lo humilde, a lo inapreciable quizás y en todo ello sentir uno que simplemente está bien.
Moratiel solía decir que cuando uno está bien, todo lo está, y uno sabe cuando está bien. Estar bien es nacer a lo pequeño, a lo insignificante, a lo más elemental de la vida, de nuestra vida, ese “buenos días” del vecino que encontramos en el ascensor, ese dejarnos paso en el metro, ver la sonrisa de un niño que va a la escuela agarrado de la mano de su madre, recibir el rayo de sol de la mañana, o la fina lluvia que quizás nos haga aligerar el paso… y sentir que todo eso que nos rodea es la expresión de la vida, es el entorno que nos acoge, es escuchar el latido de la vida, un latido que puede ser también el nuestro.
La oscuridad no está en lo que nos rodea, la oscuridad no está en el entorno, la oscuridad es el color de nuestra mirada, la predisposición de nuestra comprensión, de nuestro pensamiento… pero también la oscuridad es necesaria para que a través de ella desechemos lo que ya no nos sirve, lo que ya no necesitamos y dejemos espacio y lugar a lo nuevo que nos aguarda. Sepamos aceptar la oscuridad como tránsito, como puente que cruza al otro lado y descubrir la inagotable riqueza de la vida.
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