jueves, 6 de mayo de 2010

LA RUTINA



La rutina es como una rueda que nos mueve una y otra vez hacia lo que ya sabemos, hacia lo ya conocido.

Muchas de nuestras rutinas no son sino legados que hemos heredado, atmósferas que hemos respirado, conducts que hemos imitado, maneras de ser que hemos asumido como propias.

No pocas veces, en esa repetición de lo conocido, de lo que, aunque adverso, nos resulta familiar y habitual, llegamos a encontrar un cierto bienestar envuelto con los encajes de la apatía, de la falta de ilusión y entusiasmo.

Hay rutinas que se nos imponen, sobre todo para que nada se modifique, para que todo siga como siempre, para no arriesgarnos a lo nuevo y, sobre todo, para prevenirnos de nuestro espíritu aventurero y creativo que nos susurra otras brisas, que nos adentra por parajes desconocidos y nos encamina hacia horizontes insospechados.

La rutina es el colchón de una comodidad en la que uno va muriendo, poco a poco.

La rutina nos arropa, nos disfraza, nos enmascara y nos hace desaparecer con cualquiera de sus múltiples atavíos: costumbre, tradición, hábito, repetición.

La rutina nos instala en el gesto mecánico, en el movimiento inconsciente, en la vida sin aliento, en los modos sin manera, en el vértigo del estancamiento y en la vigilia adormecida.

La primavera, como primer movimiento, es siempre estación, invitación y propuesta para hacer nuevas todas las cosas. No es cambiar las cosas sino el modo de vivirlas. No es promover novedades desde un snobismo superficial sino recuperar lo nuevo que siempre brota desde nuestro ser más profundo.

Las rutinas nos enajenan, la creatividad nos hace, nos rehace.

Cada primavera nos muestra un escenario en el que todo rebrota de nuevo, sin estridencias ni espectacularidades estrafalarias. El cerezo no va a generar otro tipo de hojas, ni otro tipo de fruto. Aparecerán de nuevo las mismas hojas, el mismo fruto, pero nuevos, plenos de vida y de sabor.

La rutina nos convierte en higueras estériles, nos seca, nos vuelve yermos, sin brillo en los ojos, sin luz en la mirada, sin vibración en el tacto, sin presencia en nuestro estar en el mundo.

Aunque sólo sea esta primavera, este día, esta hora...... aventúrate a reestrenar tu vida. Abre tus sentidos y míralo, escúchalo, siéntelo, tócalo, saboréalo todo, como si fuese la primera vez. Sólo si reconozco que no sé nada reconoceré que todo está pendiente de ser realizado, saboreado y degustado, de nuevo.




JOSÉ Mª TORO
Extraído del libro “LA SABIDURÍA DE VIVIR” (2ª edic., pág.235) (Editorial Desclée de Brouwer.)
Puede utilizarse o ser copiado libremente indicando dicha referencia bibliográfica.

viernes, 23 de abril de 2010

DÍAS DE ABRIL


camino por andar
guardando silencio
de lo andado
tiempo vivido
tiempo perdido... quizás

será también así lo que nos queda?
… quizás

pero el alma nos empuja
a quererlo cambiar

en un hatillo
lo vivido encadenado
mientras llevamos en nuestra mochila
la memoria del corazón

mientras... los pies vuelan a cada paso

y es que no hay huella
sin la alternancia
de levantar el vuelo
y a la tierra regresarlo
sin dejar nunca de caminar


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martes, 6 de abril de 2010

PALABRA


una palabra en su limitación
puede ser la llave
de toda otra mirada
...cuando se escucha
y se abraza en toda su expresión

una palabra se viste de sonido
su presencia nos encandila
y no caminamos más allá

pero si una palabra
descendiera hasta el silencio
llevara con ella
su imagen y su desnudez,
la puerta se abriría
para regalarnos
todo lo que nunca se puede ver

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lunes, 29 de marzo de 2010

SED


Todo el que bebe de esta agua tendrá sed de nuevo, pero el que beba del agua que yo le daré, no tendrá sed nunca más (Jn 4, 14)

Existe una sed, que no podemos tal vez nunca saciar, es la sed de AMAR y VIVIR.
Esa sed en nosotros, es la experiencia de una imperiosa necesidad de buscarnos hasta encontrarnos. Esa sed nos lleva a desafiar la incertidumbre y el vacío” (Jorge Iván Carvajal)


Es el ser humano una maravillosa unión de alma y cuerpo, de finitud y eternidad, cognoscible y misterioso, comprensible e inaccesible... podemos saciar la finitud, acercarnos al conocimiento, comprender algunas realidades... pero nunca hallaremos el límite de nuestra eternidad, nunca alcanzaremos a descubrir nuestro misterio y en consecuencia una parte de nosotros: el alma... será siempre, en este ahora mundano, un lugar inalcanzable si pretendemos abrazar su totalidad.

Nuestro deseo de tener, de poseer... nuestra aspiración y ambición en alcanzar lo inalcanzable... nos inquieta, nos altera, nos desquicia, nos obsesiona, nos taladra la mente e incluso nos aprisiona la razón.

La vida es el camino que busca hallar el equilibrio de esa dualidad opuesta que nos compone, nuestros pies están asentados sobre la tierra, es la materialidad, lo visible, lo asequible... pero nuestra alma ansía la paz, el sosiego, la luz, el silencio, lo trascendente, lo inmortal... cuando alimentamos el alma con elementos mundanos, distraemos el instante, pero la inquietud y el desasosiego aparecen de nuevo y en cualquier momento... un dolor de cabeza no desaparece si vamos a la discoteca sino tomando una aspirina.

Así como todos somos iguales, también somos a la vez distintos y singulares, todos estamos compuestos de alma y cuerpo, todos tenemos esa dimensión humana y espiritual a la vez, pero cada uno tiene su medida, su equilibrio... que no es un punto medio y concreto... hallar ese equilibrio es un trabajo diario, cotidiano, constante e inalcanzable en su perfección, pero posible en su acercamiento.

¿Quién dijo que la vida es un camino de rosas?
y sin embargo... ¿quién nos puede negar que hay rosas en nuestro camino?


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lunes, 22 de marzo de 2010

GESTACIÓN


caminaré descalza
buscando la caricia de la tierra
bajo mis pies

cuenco profundo
donde se absorbe...
la lluvia y la luz

en el silencio de una matriz fecunda
se despliega la oscuridad perpetua
... y los días se perfuman
del aroma alquímico
que gesta la vida


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viernes, 5 de marzo de 2010

COSECHA


palabras nacidas del silencio,
anónimamente guardadas
sin saber nosotros de su decir…

la siembra del silencio,
es semilla ahondada en la tierra,
abrazada de oscuridad,
de lluvia,
de tiempo
y del amor que se le gesta…

acallar el ímpetu,
sosegar el impulso,
calmar el arrebato
no son pasos de un día…
requiere su tiempo,
su penumbra,
su humedad… y su silencio

en el tiempo sin mesura,
en la heredad más ingrata,
puede el silencio,
ser sendero,
ser tierra fecunda…

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