jueves, 14 de agosto de 2008

A LA LUZ DEL SILENCIO


Se acerca un nuevo encuentro. Tenemos próxima la oportunidad de unir los silencios de los discípulos, para compartir el hallazgo, la escucha, las belleza de lo inefable, la intimidad del sentir, la luz que nos alumbra en lo callado, en la mudez del exterior y descubrir en cada uno de nosotros un poco más del camino que un día cualquiera Moratiel nos indicó.

Es difícil y casi imposible para mí explicar el sentido de un encuentro. Cada uno de nosotros tenemos nuestros arraigos, nuestras costumbres, nuestras formas de vivir y enfocar la vida, andamos un poco como desperdigados y buscamos la esencia de aquello que está mas allá de nosotros, cada uno lo busca a su manera, en base a sus posibilidades, a sus medios e incluso bajo unos criterios adquiridos y aprendidos en la propia andadura.

El silencio es un camino que a veces resulta extraño porque creemos que avanzar en el encuentro con el misterio, con la divinidad, con la espiritualidad, con lo que está mas allá de nuestro entendimiento, necesita pautas, leyes, o una formación, un engranaje y eso no es así en el silencio.

A la luz del silencio no hace falta nada más que acallar nuestro exterior, intentar adormecer el interior y vivir el silencio y en silencio. Todo lo que tengamos que aprender, escuchar u oír se nos dirá en la quietud de nuestro corazón, en la paz de nuestro interior, en la calma del entorno que siempre rodea, abraza y acuna el espacio de los encuentros.
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domingo, 20 de julio de 2008

DAME TU CORAZÓN (Reflexión)


Buscaba un texto que en cierta forma diera “explicación” a nuestras improvisaciones, a nuestras espontaneidades, a nuestra naturalidad impensada. Cuando sin pensar actuamos, hacemos cosas o decimos palabras imprevistas, nosotros mismos, a veces, nos sorprendemos. Si volvemos sobre ellas, lo primero que nos viene a la mente es ¿cómo hice o dije tal cosa?

No siempre acertamos, es cierto, pero a veces aquel arranque de espontaneidad resulta ser lo más adecuado, lo más idóneo, lo mejor que podíamos haber hecho y quizás no lo hubiéramos llevado a cabo si antes lo hubiéramos razonado.

Moratiel solía decir en los encuentros que no pensáramos las preguntas, los interrogantes, las cuestiones… que simplemente las dijéramos. Cuando pasamos nuestro interrogante por el medidor de lo correcto o de lo adecuado acabamos callando. ¡Cómo se me ocurren semejantes cosas! ¡Suerte que nada dije! Y quizás al cabo de un tiempo nos arrepintamos por no haber dicho o hecho tal cosa o tal otra.

Si dejamos nuestro corazón al sentir de dentro, al latir de lo profundo sin adornos, prejuicios o intereses externos, parece como que alguien nos dijo lo que teníamos que decir, como si alguien nos hubiera chivado las palabras. Guiados por el sentir del corazón creo que no debiéramos tener temores, a pesar de que a veces, nos pueda parecer a simple vista algo incoherente o fuera de lugar.

Dar el corazón al silencio da esa confianza ilimitada al hacer, al decir, al escuchar o simplemente al estar.
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domingo, 6 de julio de 2008

LA OSCURIDAD


Siempre el nacimiento viene de lo oscuro. (j.f. Moratiel)

Hallarse en el vivir de oscuridad, en ese sentir de vacío, de esa nada que nos inunda, crea en nosotros dolor, tristeza, sentimos hundir nuestro ánimo y nuestra habitual expresión se torna triste. Nada parece alegrarnos, ni los colores de la vida pintan nuestras horas de vida… leer, escuchar, recordar las palabras de Moratiel es una solución, no es una fórmula mágica, no es una parche que podamos ponernos en el día de hoy, no es una píldora para calmar el dolor de cabeza, no es eso ni mucho menos. Retomar el sentido de las palabras de Moratiel es recordar y caer en la cuenta que en la oscuridad nos desprendemos de aquellas cosas que pierden valor, de aquello que ya carece de interés, nos ayuda a valorar y a dar sentido a lo más pequeño de la vida, a lo discreto, a lo humilde, a lo inapreciable quizás y en todo ello sentir uno que simplemente está bien.

Moratiel solía decir que cuando uno está bien, todo lo está, y uno sabe cuando está bien. Estar bien es nacer a lo pequeño, a lo insignificante, a lo más elemental de la vida, de nuestra vida, ese “buenos días” del vecino que encontramos en el ascensor, ese dejarnos paso en el metro, ver la sonrisa de un niño que va a la escuela agarrado de la mano de su madre, recibir el rayo de sol de la mañana, o la fina lluvia que quizás nos haga aligerar el paso… y sentir que todo eso que nos rodea es la expresión de la vida, es el entorno que nos acoge, es escuchar el latido de la vida, un latido que puede ser también el nuestro.

La oscuridad no está en lo que nos rodea, la oscuridad no está en el entorno, la oscuridad es el color de nuestra mirada, la predisposición de nuestra comprensión, de nuestro pensamiento… pero también la oscuridad es necesaria para que a través de ella desechemos lo que ya no nos sirve, lo que ya no necesitamos y dejemos espacio y lugar a lo nuevo que nos aguarda. Sepamos aceptar la oscuridad como tránsito, como puente que cruza al otro lado y descubrir la inagotable riqueza de la vida.
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jueves, 26 de junio de 2008

LA VELA


Luz que alumbras en la oscuridad de la noche,
brillas porque nada hay que te distraiga,
tu ser es quemar,
el eje eres del centro,
absorbes toda la intensidad,
sin ti nada quemaría,
sin ti nada tendría vida,
sin ti no podría la cera quemar,
aunque… tú no tendrías sentido,
si sólo fueras mecha y nada más.
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sábado, 14 de junio de 2008

COMO EL INCIENSO

(Vigilia de Pentecostés)


Como el incienso de ofrenda,
suben los cantos entonados,
sentir de siempre,
nacidos de un común unir.

Ríos de voz fluyen por las gargantas
con belleza y armonía
unidos en un solo cantar
a una sola voz cantados.
Un cantar y el alma se me eleva
hacia espacios del sentir
lugar sin tiempo, lugar sin lugar.

Sube el cantar de las voces
como fragancia embriagadora
aroma que perfuma el alma
y hace explosionar mi cantar,
me uno a sus voces
para que el alma suba como incienso
y se aloje donde Tú nos sabes amar.
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martes, 10 de junio de 2008

DERRAMADA


Corre la sangre por mis venas
tan lentamente
como si de un río fuera
adormeciéndose en este lugar.

Lenta se desplaza,
desperezándose en cada vereda,
ensimismada en cada vivencia,
atrapada en cada vagar,
como viento que aguarda sin brisa
o río sin cauce de mar.

Y es que mi camino se atoró,
y es que todo en mi se derrama
ante el gozo del instante,
ante la belleza del lugar
y quisiera detener su cuna
su recorrido y oculta aquí quedar.
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