viernes, 21 de marzo de 2008

SILENCIO EN LA CIMA


Estoy, en estos días de Pascua, en el risco de la Peña de Francia. Lugar agreste de la naturaleza, donde el tiempo parece no dejar huella y sólo se distingue cierta alteración y movimiento en las horas punta en que los peregrinos acuden al Santuario.

La Peña de Francia es ya conocido por los simpatizantes del Silencio, aunque sea solamente a través de la web, os recuerdo el lugar:
http://www.dominicos.org/pdefrancia/

En este lugar se reviven antiguos y nuevos recuerdos, aquí en la cima, habitáculo del silencio durante muchas horas del día y en determinadas estaciones del año, se oye siempre el murmullo de la vida, de todo lo que rodea esta cumbre. Los pájaros, el crujir del entorno, el sol que brilla en el horizonte a primeras horas de la mañana, el aire fresco que acaricia con brusquedad el rostro y a ciertas horas tempranas de la mañana, alguna presencia callada de peregrinos con sus voces bajas; ahí, en ese entorno, recuerdo la esencia del Silencio que tantas veces nos mencionó Moratiel, ese silencio que no es mudez, es ese silencio de llenura, un silencio habitado por toda la abundancia de la naturaleza, del sentir y del vivir que nos rodea y se nos regala.

Moratiel nos dejó esa frase hermosa “Vivir es pasar”, aquí también se pasa el día, los momentos, se reviven los instantes que ya pasaron en otros días y sin embargo todo permanece como en una especie de eterno pasar, momentos perennes, presentes eternos donde todo parece vivirse en un único ahora.

Mis recuerdos me acompañan, los de antaño y los de ahora, los de ayer y los de hoy, todos ellos se juntan, se unen en esta cima donde el cielo y la tierra sellan sus silencios con un beso de vida.

El amanecer también nació callado, unas breves nubes en el horizonte y en pocos minutos la manifestación del astro sol para iluminar los valles, los pueblos que aún permanecían dormidos, dar calor de vida a todos los corazones que distinguen, en esa callada quietud, el regalo de este nuevo día.

Sí, “Vivir es pasar”, pero en ese pasar, en ese silencio pleno que nos habita hallamos el descanso y la paz que nuestra vida busca siempre tan ansiosamente en el exterior, en la superficialidad, en lo de fuera… sin darnos cuenta que lo grande y hermoso, aquello que no pasa, aquello que siempre permanece, en nuestro interior se halla, en esa naturaleza, en esa vida que nos envuelve.

Con estas breves palabras, ese sentir tan mío, deseo transmitiros y enviaros parte de ese entorno, regalo del silencio, donde la vida no tan sólo pasa, sino que sencillamente se vive.
*

2 luces en el Silencio:

Anónimo dijo...

Vivir es pasar, y además ahora tienes el privilegio de "vivir es verla pasar" desde ese lugar privilegiado, lleno de historias, peregrinos, silencios, y en esa vida que también no vemos pasar, porque no estamos en el lugar preciso, cuando se hace necesario.

Que bonita exposición de tu mañana, en presente.
Un abrazo.

Ignacio.

M. Àngels dijo...

Gracias Ignacio por tus palabras, mi privilegio es vuestro porque así lo quiero compartir y decirte que podemos ver la "vida pasar" desde cualquier lugar, porque todo está en nosotros.

Abrazos amigo.