domingo, febrero 19

SIN DECIRTE NADA




buscar el reconocimiento es una debilidad humana, y se busca de múltiples maneras, se necesita de muy distintas formas, y todos en mayor o menor medida necesitamos el beneplácito, el favor, la mirada de aquellos que nos rodean, al menos de los que amamos, queremos o admiramos

parece como que nuestros esfuerzos, nuestros logros, nuestros actos carecieran de fundamento y de sentido, si alguien no se percata, aunque sea de un simple detalle; a veces el mero hecho de ver la sonrisa, la deferencia, la atención que nuestro hacer provoca, nos damos por satisfechos; difícilmente uno hace nada porque sí, incluso aunque sea por el simple gusto de hacerlo, en el fondo creo que sería tan absurdo como regar las plantas en un día de lluvia, por ejemplo…

nuestra humanidad requiere de una u otra forma la compensación de nuestro paso, de nuestras huellas… allanamos el camino para que otro pueda caminar más fácilmente, nos hacemos hueco de nuestra experiencia para que otro no tropiece en la misma piedra, tendemos la mano cuando el otro necesita un apoyo, damos nuestra presencia cuando alguien se halla en soledad, buscamos la palabra, con mayor o menor acierto, para calmar una inquietud… nuestro hacer, nuestro propio vivir es eslabón frágil e insignificante, pero en el fondo siempre útil cuando sale del corazón y es al mismo tiempo una necesidad sacarla de nosotros; no siempre es aceptada, no siempre es valorada y ahí es donde entra el desánimo… porque no recibimos esa sutil muestra de “reconocimiento”, de valoración…

nuestra vida de hoy, tiende al egoísmo, a la individualidad, cercamos nuestras vidas en recintos aislados porque hemos aprendido que es perjudicial ir de alma cándida por la vida, hay gente que tiende a recoger lo que se le da y un poco más ¡por si acaso! y por eso nos encerramos entre muros, miedos y temores ante la posibilidad de ser pobre presa de los que son más listos… pero sigue estando ahí esa necesidad de darnos y nos damos donde nos sentimos o nos creemos algo más seguros…

la inocencia de los actos libremente ofrecidos no pierden el riesgo, ni la necesidad de respuesta, por eso muchas veces sentimos la frustración de que no se haya visto, de que no hayamos causado el efecto que creíamos o el resultado esperado… pero de una u otra forma caemos siempre en el quizá… quizá en esta ocasión? quizá con esta persona? quizá en este momento? quizá…

y en el fondo queda la indudable cuestión:
qué sentido tendría nuestra vida si nos aisláramos del mundo que nos da la espalda?
si no pudiéramos dar lo que sentimos?
si no abriéramos las puertas a los latidos? a la ilusión? al agrado?
pero… cómo reconocerlo? cómo distinguirlo? cómo saber cuándo y de qué forma? en qué momento?
… pero al final, en cualquier instante, entre los sinsabores posibles habidos y por haber, qué grande es hallar inesperadamente el que alguien te pueda decir palabras como:

Déjame mirarte sin decirte nada, 
mientras tú sientes que te quiero...


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lunes, enero 9

LA DUREZA DE CORAZÓN


Hay en el interior del hombre un arma difícil de dominar, un dueño y señor casi invencible de combatir, es la consciencia. En este caso me limito a la consciencia interior.

Nuestra consciencia es un cúmulo de vivencias y aprendizajes que se han ido posando en nuestro interior a lo largo del tiempo ya pasado y que caracteriza, no tan sólo nuestra forma de ser, sino que también domina muchos de nuestros actos.

Nuestra actuación es invisiblemente dirigida por nuestra consciencia. Cuando nuestra comunicación y nuestro hacer altera la existencia del otro, cuando nuestro comportamiento y nuestra manifestación afecta el ser, el ánimo o la expresión del otro, nuestra consciencia también se turba, mínimamente lo detecta.

La andadura por esta nuestra vida, es un continuo aprendizaje, un continuo soltar y acoger nuevas formas, nuevos modelos, nuevas pautas que resultan difíciles de adquirir en muchas ocasiones e imposibles en otras, pero cuando tenemos en cuenta la interioridad y el sentir del otro, esta percepción se convierte en uno de los medios más afables para aprender, entender o modificar nuestra visión y nuestros esquemas.

Hay personas que, para ser fieles a su consciencia, parecen autoprogramarse cuando su vida se desmarca de lo “establecido” o no responde a lo que consideran el bien y la verdad según sus concepciones, y el otro, aquel que recibe y vive esa programación, experimenta una dureza de corazón que puede catalogarse casi como de crueldad. Evidentemente existe el extremo opuesto, aquel en el que sometemos nuestro sentir y nuestra mirada a la consciencia ajena.

En nuestra sociedad de hoy, las relaciones entre unos y otros, quizás resultan más complejas y a la vez más difíciles porque no nos detenemos a comprender esa consciencia que no es la nuestra y atajamos la cuestión con un rápido alejamiento o una sumisión, según los deseos.

Acercarse a la comprensión del otro nos puede favorecer y enriquecer nuestra propia consciencia, nuestro propio universo, nuestra propia visión del mundo, tanto interior como exterior. Creo que seguir a “pies juntillas” nuestras singulares concepciones de aquello que consideramos el bien y la verdad de nuestra vida, sin tener en cuenta la visión o el sentir del otro, difícilmente va a favorecer el hallar la felicidad o la paz, que todos innegablemente anhelamos y buscamos desde que aparecemos en este cosmos.

El sentir del corazón es el único que puede modificar y ser intermediario. El único que en verdad y en última instancia, es capaz de transformar, evolucionar o alterar nuestras pautas y nuestros esquemas de consciencia.


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miércoles, diciembre 28

LA DESILUSIÓN DEL OTRO

Establecemos relaciones unos con otros y sin saber por qué, se nos cruzan en la vida personas que sin motivo aparente nos encandilan, nos deslumbran, nos fascinan nada más verlas. Algo hay en ellas que nos atrae, nos seduce lo que brota o percibimos de ellas.

Son relaciones, amistades, conocidos que se convierten inesperadamente en motivo esencial o importante en nuestra vida. Cuando más nos acercamos más anhelamos conocer, cuando más nos relacionamos más deseamos saber, necesitamos aproximarnos y sin proponérnoslo catalogamos y valoramos al otro, en un abrir y cerrar de ojos.

De repente un día cualquiera, un suceso insignificante, una visión distinta, una palabra diferente o un hacer inesperado, nos descubren aspectos que posiblemente ni habíamos pensado, que ni tan siquiera habíamos imaginado y ese ser pierde luminosidad ante nuestros ojos. No es un juicio, no es un echar en cara, no es calificar, no es un condenar, no es un sentenciar, simplemente aparecen visibles ante nuestra mirada, exteriores, detalles, rasgos que ya estaban en el otro y que no habíamos percibido, ni tan siquiera habíamos reparado... pero cuando la visión del otro se nos expande, se nos amplia, aparece ante nosotros de otra forma, de manera distinta a como le habíamos “catalogado”; es como si viéramos a una persona diferente de aquella que nos atrajo en un principio, de aquella que nos sedujo y que nos encandiló en un inicio. Y aquella pieza perfecta del puzzle resulta que ya no encaja, ya no se ensambla al tablero de nuestra vida. La luz de ese ser que nos atrajo sigue estando ahí, pero al ser nuestra visión algo más amplia, ese atractivo, esa imantación ha disminuido y descubrimos con desilusión nuestro ‘error’.

Las personas, en general, no cambiamos tan radicalmente, no solemos disfrazarnos tan puntualmente, así pues ¿por qué sucede? Quizás podríamos decir que el ser humano, por defecto, enjuicia, valora y opina muy alegremente, de forma fácil nos dejamos llevar por nuestras inquietudes y por nuestras impresiones momentáneas, lo que provoca situaciones y relaciones fugaces, porque procesamos y valoramos efímeramente.

El otro, posiblemente es el mismo, pero nuestras miras ya no son las mismas, nuestra percepción ya no es la del comienzo, nuestras expectaciones al respecto se han esfumado, y aparece la desilusión.
La desilusión del otro.
Ese otro que quizás ni se ha dado cuenta de la movida ocasionada,
ese otro que inocentemente hemos convertido en quien realmente no era
ese otro
que no es un objeto valorable a nuestro criterio, tampoco nosotros pretendíamos ese fin, pero la impulsividad, el encanto del momento, la magia del instante nos ha hecho enjuiciar lo que no se puede o lo que no se debe juzgar, porque nadie es ni debe ser juez de nadie... pero nuestra imaginación se desbocó y nosotros tras ella...

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sábado, diciembre 3

TEMPUS FUGIT




El tiempo vuela y gracias a Dios que es así. El tiempo en su transcurrir va llevándose nuestra vida y con ella lo vivido: nuestro pasado. Aquello que ya no podemos cambiar y de lo que tan sólo nos quedan algunas huellas, algunos trazos que guardamos cuidadosamente en nuestra memoria como grandes tesoros o enormes lagunas.

Somos lo que somos por lo que hemos vivido, por cómo lo hemos vivido y de la forma en que lo vivimos. A veces decimos que iniciamos un nuevo día y puede ser verdad, quizás cambiemos algunas cosas o quizás le demos la vuelta a todo, pero realmente no empezamos nunca desde cero, venimos de un ayer y tenemos ya una forma, una estructura. Creo que se puede decir que, incluso en el momento de nuestro nacimiento, de una manera u otra, llevamos algo que nos antecede, y no me refiero tan sólo a nuestro período de gestación, sino también, al de nuestro origen con las huellas de nuestros predecesores.

El tiempo vuela y lo bello de ese volar es que sintamos que hemos vivido, que aquello que ha existido y existe en nosotros, bueno o menos bueno, es la propia vida, una vida que nos ha hecho vibrar, que ha dejado su paso y que nos permite sentir viva la vida. Nuestros buenos momentos se irán almacenando en nuestra memoria como grandes tesoros y los menos buenos como enormes lagunas. Y es humano que ello permanezca en ese baúl de los recuerdos, la diversidad de los momentos nos permite valorar esa vida que se nos da.

En cualquier caso, aunque el tiempo vuele, eso no es lo más importante, lo que realmente alberga mi corazón es saber que he vivido, que vivo y que todavía me queda todo el resto de mi vida por vivir. No importa el balance, no interesa saber si hay déficit de tesoros o excedente de abismos, lo válido es que ambos dejen su paso.



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viernes, noviembre 4

EN SILENCIO



qué difícil es hablar en el silencio
… llegar en silencio a expresar
lo mucho o lo breve
que se desea decir

hay en mí el atrevimiento de confiar
que agazapada en el silencio
llegará la escucha
te abrazará la aceptación
te hará entender
la fugacidad que sembraste
y no por ello se ausentó la magia
ni faltó mi intensidad

… allí donde estés
en cualquier momento
en un gesto
una mirada
o quizá… en un recuerdo
el silencio… mi silencio
hablará contigo…



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lunes, octubre 10

EL RECUERDO QUE NOS HABITA






la felicidad…
es ese cauce escondido que brota inesperadamente
y a borbotones nos inunda
y nos sacia instantes inesperados
y en momentos nos hace añorar
su presencia

la felicidad…
es inexplicable
es vivible
y en su ausencia
nos agarramos
al recuerdo que nos habita

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