martes, noviembre 24
SABER RECIBIR
Ya se dijo: “es más importante dar que recibir”.
Pero no pocas veces es más importante “saber recibir” que dar.
Nuestro modo de dar va a depender de nuestras maneras de recibir.
Saber recibir implica reconocer las propias limitaciones, oquedades, necesidades y carencias así como la suficiente humildad como para dejarse ayudar, regalar, satisfacer o llenar por otros.
El orgulloso o prepotente no sabe recibir porque no sabe qué necesita o de qué carece.
Dar nos colma porque uno siempre se atiborra, rebosa de aquello que ofrece o entrega.
Es una felicidad poder dar y es sabiduría saber dar en el momento justo, de la manera precisa y adecuada a quien realmente lo necesita y puede hacer un uso responsable y constructivo de aquello que se le entrega.
Solemos asociar la generosidad al hecho de dar, pero aún mayor es la que encierra el gesto de recibir: cuando permito que otro me dé, estoy permitiendo que goce con su ofrenda, que se realice en su ofrecimiento, que se llene de lo que me entrega.
Saber recibir es saber abrirse, tornarse disponible y receptivo.
Saber recibir es un movimiento especialmente hermoso en la coreografía de la humildad porque sólo los humildes saben recibir, agradeciendo.
Sabe recibir quien sabe agradecer.
Es desde este agradecimiento, que surge de sentirse regalado por la vida, que brota espontáneamente y de manera natural el deseo sincero de corresponder a tanta generosidad dando algo a cambio.
El dar que sigue al recibir no es ninguna obligación y no responde a un mero “ajuste de cuentas” sino que se convierte en un anhelo del corazón, es un impulso amoroso, en un gesto de justicia poética y en un movimiento de armonía cósmica.
JOSE MARÍA TORO
(extraído del libro LA SABIDURÍA DE VIVIR, 2ª ed. Desclée.2008)
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JOSÉ MARÍA TORO
sábado, octubre 31
LAS HOJAS NO CAEN, SE SUELTAN

Siempre me ha parecido espectacular la caída de una hoja. Ahora, sin embargo, me doy cuenta que ninguna hoja “se cae” sino que llegado el escenario del otoño inicia la danza maravillosa del soltarse.
Cada hoja que se suelta es una invitación a nuestra predisposición al desprendimiento.
Las hojas no caen, se desprenden en un gesto supremo de generosidad y profundo de sabiduría: la hoja que no se aferra a la rama y se lanza al vacío del aire sabe del latido profundo de una vida que está siempre en movimiento y en actitud de renovación. La hoja que se suelta comprende y acepta que el espacio vacío dejado por ella es la matriz generosa que albergará el brote de una nueva hoja.
La coreografía de las hojas soltándose y abandonándose a la sinfonía del viento traza un indecible canto de libertad y supone una interpelación constante y contundente para todos y cada uno de los árboles humanos que somos nosotros.
Cada hoja al aire que me está susurrando al oído del alma ¡suéltate!, ¡entrégate!, ¡abandónate! y ¡confía! Cada hoja que se desata queda unida invisible y sutilmente a la brisa de su propia entrega y libertad. Con este gesto la hoja realiza su más impresionante movimiento de creatividad ya que con él está gestando el irrumpir de una próxima primavera.
Reconozco y confieso públicamente, ante este público de hojas moviéndose al compás del aire de la mañana, que soy un árbol al que le cuesta soltar muchas de sus hojas. Tengo miedo ante la incertidumbre del nuevo brote. ¡Me siento tan cómodo y seguro con estas hojas predecibles, con estos hábitos perennes, con estas conductas fijadas, con estos pensamientos arraigados, con este entorno ya conocido…
Quiero, en este tiempo, sumarme a esa sabiduría, generosidad y belleza de las hojas que “se dejan caer". Quiero lanzarme a este abismo otoñal que me sumerge en un auténtico espacio de fe, confianza, esplendidez y donación.
Sé que cuando soy yo quien se suelta, desde su propia consciencia y libertad, el desprenderse de la rama es mucho menos doloroso y más hermoso. Sólo las hojas que se resisten, que niegan lo obvio, tendrán que ser arrancadas por un viento mucho más agresivo e impetuoso y caerán al suelo por el peso de su propio dolor.
JOSÉ MARÍA TORO
(extraído del libro LA SABIDURIA DE VIVIR. 2ª ed. Desclée de Brouwer)
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JOSÉ MARÍA TORO
viernes, octubre 23
DERRAMADO

derramando
sólo así puede vivir el amor,
esparciéndose a su alrededor,
cubriendo su entorno
aromando el aire que le envuelve
… y así… divulgándose
en una cadena interminable,
su esencia invade lentamente
el espacio inobservable
no tiene forma,
no tiene medida
tampoco presencia
simplemente se derrama…
se derrama desde ese centro
invisible
impalpable
donde habita
donde se alberga
se derrama el amor
como río recorriendo la vida
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viernes, octubre 16
LA HORA DEL ALBA

A la hora del alba
nace la madrugada
no hay nacimiento sin dolor
no hay abertura sin estallido
el horizonte se expande
el cielo se rompe
clarea ya la alborada
anunciándonos su llegada…
atrás quedó la noche,
la oscuridad,
el miedo y los temores
llega la mañana
envuelta en silencio…
no hay festejo,
ni bullicio,
tampoco gritos, ni voces
es una celebración silenciosa,
es un ceremonia callada
es una fiesta de color…
es una aclamación de vida
es la hora del alba,
es la hora del amanecer
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martes, septiembre 29
ASOMARSE

me asomo a los días
como la luz se asoma
al amanecer
un nuevo día se eleva
una mañana despierta
y mi mirada observa callada
ese entorno conocido
esa naturaleza que me acoge
y que me es tan familiar
no hay palabras,
no hay sonidos,
hay vida virgen
asomada a las horas
que me aguardan,
parece que todo es lo mismo
¡se asemeja tanto al ayer!
pero en la callada luz del amanecer
una voz silenciosa
me regala un alba nueva
la fuerza de un aliento
el color resplandeciente
y un aroma distinto,
el de este día que nace
y que me ofrece un caminar…
me asomo a esta vida
para que lo divino
me acompañe… una vez más
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martes, septiembre 1
A PROPÓSITO DEL NO HABLAR EN LOS ENCUENTROS DE LA ESCUELA DEL SILENCIO.
Las cosas, con el tiempo, se van volviendo laxas, pierden su tono, su frescura y su fuerza. El tiempo va como atemperando, suavizando, relajando e incluso diluyéndolo todo. Algo que también puede afectar a un aspecto esencial y fundamental en los encuentros de la Escuela del Silencio: el silencio personal.
Moratiel nos recordaba una y otra vez: “El lugar del Silencio es el corazón de cada uno”, “El silencio de cada uno es el descanso de todos”.
Recordar es mucho más que un simple no olvidar; es “volver a pasar por el corazón”.
Escribo estas líneas para recordar, para volver a pasar por nuestro corazón, en cada encuentro de la Escuela del Silencio, algo central para el silencio personal y del grupo, una cuestión decisiva para este silencio de nuestro corazón: el “NO HABLAR”.
En los Encuentros este “no hablar” no es mudez sino que nos disponemos a cerrar la boca para que nuestro adentro se abra, reviente y estalle.
No hablar es el modo con el que sellamos nuestros labios, lacramos nuestra boca, a sabiendas de que dentro portamos algo majestuoso, real y de vital importancia: el Silencio.
No hablar no es una imposición arbitraria y externa sino un acuerdo previo de todas las personas que voluntaria y libremente deciden encontrarse en silencio para encontrarse a sí mismas en el Silencio.
Dejamos de hablar no por una obligación externa sino como “ob-ligación” consciente y como expresión del deseo de nuestro ser de descansar de tanta palabra.
Es muy importante comprender este matiz para adherirse fervorosa y gozosamente a lo que, de otro modo y en otro contexto, sería represión y violencia: nadie me obliga a no hablar, es mi corazón el que necesita del silencio y por eso me ligo, me uno y me vinculo, desde mi entera libertad, a esta elemental pauta de funcionamiento del grupo.
Un contexto grupal en el que nadie habla favorece, nos conduce más adecuadamente, con menos esfuerzo personal a ese silencio interior que es lo que vamos buscando.
No hablar, no dirigirnos a otros con palabras, ni siquiera de saludo o agradecimiento, no es descortesía, desfachatez o indiferencia.
Este no hablar con palabras es un gesto de profundo amor y respeto a la dinámica silenciosa de los demás: “no te dirijo ninguna palabra porque sé que vienes a reencontrarte con tu corazón y no quiero distraerte o despistarte de ese horizonte, de ese sendero. Has de saber que cada vez que pasas a mi lado, aunque no te mire ni te hable, no me eres invisible ni indiferente. Siento, junto a mí, en ese mismo instante, un corazón sediento del mismo silencio y cuyos latidos vibran al unísono con el mío. Envuelto en tu silencio te siento más presente que nunca, más regalo que nunca”.
Este no hablar con palabras nos permite en estos días reconocer y valorar lo preciado de las palabras, desgastadas y vencidas por un uso incontrolado y abusivo.
Desde este no hablar nos reenamoramos de las palabras, unas palabras que, ungidas, pulidas y adecentadas con horas de silencio, dejarán de ser en nuestra vida meros vehículos o soportes de ideas, pura cháchara, y las viviremos como enunciados del corazón.
Cuando después de este tiempo maravilloso de “no hablar” volvemos a hacer uso de las palabras, no sólo diremos cosas con ellas, nos diremos, nos afirmaremos y nos realizaremos con cada palabra dicha. Estaremos en las palabras, vibraremos con nuestras palabras, seremos nuestras palabras, es decir, seremos expresión de un silencio elocuente.
Este no hablar con palabras nos esmera en los gestos, en las miradas y en las sonrisas. El cuerpo silencioso habla por mí, por ti… encarnación del silencio. El Silencio se hace Carne…Cuerpo… y habita en nosotros y entre nosotros.
Al no hablar todo mi cuerpo expresa, se torna diáfano, transparente, pura epifanía del Silencio que le habita.
No es fácil encontrar contextos grupales donde pueda acogerse el cerrar la boca como expresión de una gran apertura y el no hablar como un regalo.
Por eso hay que aprovechar hasta el último minuto y desde cada rincón de la casa, esta oportunidad “única”.
Sentirnos afortunados de no hablar.
De esto se trata: no tanto de “no poder hablar” cuanto de “poder no hablar”.
Vivir y saborear la dicha de no tener que pedir nada, que preguntar nada, que responder nada, que cuestionar nada, que defender o atacar nada.
Este no hablar personal recobra más fuerza e importancia cuando se medita en grupo.
Cada palabra proferida sin necesidad, que podía haberse obviado, que podía haberse no dicho, que es mero deshago para quien la dice, es como un dardo que se clava en la piel que recubre al grupo, vivido como un solo cuerpo.
Es como una herida, por pequeña que sea, por donde comienza a drenarse y perderse la energía del grupo. Se produce una especie de hemorragia vibracional y la densidad y alcance del silencio común, del “entre” silencioso, comienza a descender, a mermar y menguarse.
El silencio grupal no es la mera suma o yuxtaposición de los silencios individuales de quienes forman esa comunidad espiritual. Toma cuerpo en sí mismo, adquiere una entidad propia que, a su vez, va a convertirse en seno, matriz y regazo del silencio personal de cada participante.
La nieve es blanca, pero el esquimal puede distinguir en ella una gran variedad de tonos. Algo parecido experimento en los encuentros de silencio. Cuando en un grupo nadie habla, el silencio se espesa, se dulcifica, se intensifica y gana en belleza. Cobra vida propia, luz propia, mueve su propia energía.
Es entonces cuando el silencio de los corazones comienza a inundar los pasillos, los jardines, las escaleras, las flores, las paredes…. toda la casa. Nada escapa al influjo de este poderoso silencio.
En un silencio así pueden sostenerse y cuidarse los silencios más inexpertos o más costosos.
En un silencio así maduran, como bodegas centenarias, los silencios más veteranos, de mayor recorrido o experiencia.
Sta. Teresa decía: “Varía mucho de –estar- a –estar-“.
Varía mucho el silencio total a un silencio a medias.
¿Se puede estar en silencio a medias?... Sí, se puede no estar en silencio.
A ti, compañero o compañera en este encuentro te pido: No me hables con palabras.
Mantén tu boca sellada, pero tu corazón abierto.
Háblame con tu mirada, con tu sonrisa. Sólo quiero escuchar tu silencio.
Sólo quiero que mi silencio te ayude a escuchar los latidos sagrados de tu Corazón.
Que sea el Silencio ese hilo invisible que una nuestras almas en un mismo pespunte.
JOSÉ MARIA TORO. Herencia. Agosto 2009
Fotografía: Àngels V.R.
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jueves, agosto 13
... VIENE DE LO OSCURO

Sólo en la oscuridad puede brillar la luz,
sólo del vacío puede brotar llenura,
sólo después de la negrura de la noche…
puede amanecer
nada se olvida,
nada perece,
nada muere realmente
los días se suceden en nuestro camino
el olvido es la muerte,
la omisión del ayer es el sinsentido de hoy…
hay que caminar para caerse,
hay que caer para levantarse…
hay que alumbrar la oscuridad para que brille la luz
nuestros pasos atraviesan desiertos y bosques,
nuestro sentir sequedad y regocijo,
nuestra alma alberga dolor y amor,
en nuestro corazón anida el llanto y la alegría
… viene de lo oscuro
lo que camina hacia la claridad
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POEMAS
viernes, julio 24
LIBERTAD

Le ha sido otorgado al hombre un don innato a su misma humanidad, a su condición de ser en el mundo y es su libertad.
Posee el ser humano la disposición de sus actos y del hacer de sus pensamientos… es la libertad una capacidad ilimitada e infinita para ser “usada” a nuestro criterio, a nuestros deseos, a nuestros afanes, a nuestras ilusiones… a todo aquello que nos cause o nos conceda plenitud, satisfacción y llenura.
Somos los humanos, a veces, fuerzas incontrolables y en nombre de la libertad actuamos, decimos y pensamos según un razonamiento y un sentir personal. La fuerza de un carácter pronunciado hace de su libertad el estandarte de su paso por la vida. Una debilidad acentuada puede también ceder la propia libertad al hacer ajeno.
Maravilloso don, el de la libertad y al mismo tiempo un arma de doble filo. Gozar de sus beneficios, utilizar sus medios en aras de nuestro interés, sin tener en cuenta o sin pensar hasta donde puede alcanzar nuestro uso, puede estrepitosamente pisar la libertad ajena, aunque deberíamos decir que entonces esa libertad pierde su esencia para convertirse en libertinaje. No podemos o no deberíamos imponer la consecución de nuestros objetivos, de nuestros deseos e incluso de nuestro placer a costa de los demás. Conocida es la frase de “mi libertad termina donde comienza la tuya”.
Me pregunto a veces
¿Qué satisfacción alguien pude alcanzar ante el dolor, el hundimiento o el sufrimiento ajeno?
¿Es que mi deseo es prioritario al tuyo?
¿Es que mi anhelo tiene como precio tu dolor?
…. ¿por qué mi libertad es más que la tuya?
Disponer de nuestros actos, de nuestros pensamientos, de nuestro hacer… es algo maravilloso, algo único, algo inexpresable… un mundo de posibilidades abiertas a la vida… pero también el precio debe ser libre, no hay libertad cuando alguien ajeno a nosotros paga por ella.
Mi libertad nace conmigo es un derecho universal que todo el mundo posee, no es transferible, no es negociable aunque en ocasiones nuestro sentir, nuestro amar, nuestra debilidad… la ofrezca a otras manos en las que nunca debió caer.
Qué hermoso don el de libertad y qué difícil es “administrarla” en nuestra vida.
*
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REFLEXIÓN
jueves, julio 16
INSTANTE DE EQUILIBRIO

Es propio del ser humano creer en lo que ve, es propio del ser humano dudar de lo que no puede ver y es también propio del hombre hurgar en la misma vida buscando la respuesta, el motivo o las palabras de aquello que no puede palpar y ni tan siquiera puede acariciar con la mirada, pero algo hay que le induce a percibir su existencia.
Dice el creyente ¿Qué es el hombre para que te acuerdes de él? (Sl 8)
Es el hombre un perfecto, hermoso y desconocido ente dotado de cuerpo (materia) y alma. Sobre el cuerpo se puede indagar, puede el hombre caminar hacia su conocimiento y su sabiduría… pero… y el alma?... esa parte inmaterial, divina, enigmática, desconocida incluso para cada cual… ¿dónde buscarla? ¿cómo conocerla? ¿dónde hallarla? ¿dónde su esencia? ¿cuál es su fin, su camino, su lenguaje, su vestimenta, su color…?
Lo que llamamos “religión” busca las invisibles huellas de esa inmaterialidad que el hombre intuye y se acerca alejándose de la mirada humana, pero sin desprenderse de ella. Porque el ser humano es un compendio de dos, realidad y divinidad, materia y “alma”, palpable y etéreo… ambos se necesitan, ambos tienen sentido y ambos tienen “razón” de ser…
¿Qué sería un cuerpo sin alma?... un robot, un compuesto de carne, un autómata…?
Y ¿un alma sin cuerpo?... un espíritu, un aliento, un soplo, un fantasma, una sombra…?
El alma, en un cuerpo, le llena de divinidad, de sentires desconocidos, de conceptos incognoscibles, de llegar más allá de lo visible, de aromar la infinitud, acercarse a lo eterno, beber del misterio, gustar lo indecible, abrazar lo desconocido… y todo ello puede experimentarlo a través de la materialidad del cuerpo. El alma necesita del cuerpo para ser en este mundo nuestro, así como el cuerpo necesita del alma para ser más allá de lo puramente material.
Cada uno de nosotros tiene la libertad de vestir la vida del alma a su mejor acercamiento, a su mejor conocimiento… no importa el nombre que le demos a esa divinidad, como tampoco importa si lo catalogamos en fe, creencia o ateísmo, pero lo que siempre permanece claro ante mí es la existencia de ese esencia sacra, de ese misterio divino, de ese halo misterioso que se aloja en el hombre. Esa inherencia, esa esencia… esa alma desconocida, siempre enigmática, siempre presente, siempre invisible, siempre arcana, ilimitada, incorpórea, intangible… y a la vez insustituible e imprescindible…
… y el hombre en busca siempre de hallar el equilibrio… esa equidad entre su materialidad y su divinidad…
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REFLEXIÓN
sábado, julio 11
SIGUE, SIGUE...

La noche oculta el entorno de nuestra mirada, hace opaco nuestro alrededor, el pensamiento comienza un recorrido que se viste de temor o de luces… según sea el hálito de nuestro sentir.
El color que abrigamos viste nuestra oscuridad, la tonalidad de nuestro ánimo pinta nuestras noches… somos el reflejo de nuestra propia luz, somos espejos de nuestro propio vivir… por eso nuestro silencio, nuestra quietud, nuestra soledad vive la ceguera de la noche cuando sentimos la opacidad en nuestro pensamiento. El pensamiento es volátil, es egocéntrico, es quien dirige –muchas veces- nuestro ánimo, cuando la realidad no se acopla a nuestro deseo, cuando nuestro deseo no es complacido o nuestra complacencia no es satisfecha.
Esa desazón en un espacio de tiempo, es como un cubo de agua, limitado, restringido, tasado por el recipiente, que pierde su sentido… carece de sentido cuando lo acercamos a la inmensidad del mar… el mar no tiene forma, sus aguas abrazan las playas, las costas, los arrecifes… las olas incluso, sin detenerse a pensar.
Nuestra alma es como un mar, siente, aletea, respira y no se detiene en ese temor, en esa duda, en esa lejanía… nos asiste, nos acompaña siempre y en lo más hondo nos grita: sigue, sigue… que pronto verás el sendero del alba, sigue, sigue… que pronto amanecerá.
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PENSAMIENTOS,
REFLEXIÓN
martes, junio 16
LA PUERTA SE ABRIÓ...

la puerta se abrió
a la luz de la mañana,
al cantar de las piedras,
al sonar del campo,
al resplandor de las miradas,
al reír de la lluvia
al brillo del rocío
la puerta se abrió
con su chirrido
y con su pereza
albergándose en el alma
darnos el tiempo
y seducirnos con la esencia
de lo habido
y en esa fiesta de alegría,
de esperas guardadas
de días transcurridos…
el silencio despertó…
y se hizo encuentro
*
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POEMAS
viernes, mayo 29
EL AMOR NO SE PIERDE...

El amor no se pierde
cuando se da
...
se transforma
en momentos de gozo,
en amanecer de nuevo día,
es el aroma de la vida,
la fragancia del instante,
el incienso que hermosea
Cuando se da…
el amor
se viste de ternura,
se engalana
con briznas de alegría,
las lágrimas
se truecan en rocío
que evapora la tristeza
y las sombras del alma
El amor
ese sentir del alma
que no pide destino
pero sí ser ofrecido
*
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POEMAS
miércoles, mayo 20
INSTANTE DE SILENCIO

Ansío el término del día con la prisa de un disparo que corte el tiempo vendido.
Ansío… casi exijo que los minutos se sucedan con prontitud, con rapidez… entre sienes que ya no pueden almacenar más palabras vacías, absurdas, huecas de un único sonido, persistente repetición de vocablos sin otra indumentaria que el incansable ruido del parlar.
Acude a mí el ruego de un silencio, una muda plegaria que ansía que el mundo que me rodea guarde un minuto de silencio, donde el alma se sosiegue del sin sentido ruido, donde la mente se libere del constante acto de parlotear, donde el ánimo se pinte de otro color de la incolora frialdad... que el silencio se presencie ante la ausencia de la virtud del callar.
Ansío escuchar tan sólo el sonido de mis pasos cruzar los instantes, el suave murmullo del ir y venir de la gente, el espacio donde escuchar el canto de un pájaro, ansío hasta el espacio que puede albergarse en el interior de un vacío.
Y es que tan sólo ansío… un instante de silencio.
"El silencio, es un bien universal, es patrimonio de la humanidad."
j.f. Moratiel
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REALIDAD
sábado, abril 18
RUEGO

Vida,
escucha mi ruego
que mis palabras lleguen a ti,
acojo tu lluvia,
bendigo tu sol,
camino bajo tus nubes
y me sumerjo
en lo profundo de tu mar.
Me uno a ti,
… más aún…
me impregno de ti
queriéndome enzarzar
en tus mismas raíces,
queriendo ser tierra
de tu misma tierra,
aromarme de tus flores,
hundirme en tus abismos
o crecer en tus cimas.
Vida,
escucha mi canto
que quiero ser parte de ti.
*
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domingo, abril 12
UN PASAR

Vuelan los instantes
deseando vivir en ellos,
transcurren tan rápidos
como un aletear
y es que la vida pasa,
la vida es un pasar.
Paso por los instantes
queriendo sentirlos intensos,
… son sólo unos pasos
que transcurren la vida
sin detenerse jamás.
Los instantes me viven,
los momentos quisieran ser únicos,
especiales quizás...
todos ellos van sumando,
todos ellos importantes
porque forman el camino
de mi lento caminar.
Y es que no hay un instante más que otro,
tan sólo un puñado de instantes más
y la vida, un vuelo, unos pasos…
un sueño, un quizás… nada más.
*
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POEMAS
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