martes, 1 de septiembre de 2009

A PROPÓSITO DEL NO HABLAR EN LOS ENCUENTROS DE LA ESCUELA DEL SILENCIO.


Las cosas, con el tiempo, se van volviendo laxas, pierden su tono, su frescura y su fuerza. El tiempo va como atemperando, suavizando, relajando e incluso diluyéndolo todo. Algo que también puede afectar a un aspecto esencial y fundamental en los encuentros de la Escuela del Silencio: el silencio personal.

Moratiel nos recordaba una y otra vez: “El lugar del Silencio es el corazón de cada uno”, “El silencio de cada uno es el descanso de todos”.
Recordar es mucho más que un simple no olvidar; es “volver a pasar por el corazón”.
Escribo estas líneas para recordar, para volver a pasar por nuestro corazón, en cada encuentro de la Escuela del Silencio, algo central para el silencio personal y del grupo, una cuestión decisiva para este silencio de nuestro corazón: el “NO HABLAR”.

En los Encuentros este “no hablar” no es mudez sino que nos disponemos a cerrar la boca para que nuestro adentro se abra, reviente y estalle.
No hablar es el modo con el que sellamos nuestros labios, lacramos nuestra boca, a sabiendas de que dentro portamos algo majestuoso, real y de vital importancia: el Silencio.

No hablar no es una imposición arbitraria y externa sino un acuerdo previo de todas las personas que voluntaria y libremente deciden encontrarse en silencio para encontrarse a sí mismas en el Silencio.
Dejamos de hablar no por una obligación externa sino como “ob-ligación” consciente y como expresión del deseo de nuestro ser de descansar de tanta palabra.

Es muy importante comprender este matiz para adherirse fervorosa y gozosamente a lo que, de otro modo y en otro contexto, sería represión y violencia: nadie me obliga a no hablar, es mi corazón el que necesita del silencio y por eso me ligo, me uno y me vinculo, desde mi entera libertad, a esta elemental pauta de funcionamiento del grupo.

Un contexto grupal en el que nadie habla favorece, nos conduce más adecuadamente, con menos esfuerzo personal a ese silencio interior que es lo que vamos buscando.

No hablar, no dirigirnos a otros con palabras, ni siquiera de saludo o agradecimiento, no es descortesía, desfachatez o indiferencia.
Este no hablar con palabras es un gesto de profundo amor y respeto a la dinámica silenciosa de los demás: “no te dirijo ninguna palabra porque sé que vienes a reencontrarte con tu corazón y no quiero distraerte o despistarte de ese horizonte, de ese sendero. Has de saber que cada vez que pasas a mi lado, aunque no te mire ni te hable, no me eres invisible ni indiferente. Siento, junto a mí, en ese mismo instante, un corazón sediento del mismo silencio y cuyos latidos vibran al unísono con el mío. Envuelto en tu silencio te siento más presente que nunca, más regalo que nunca”.

Este no hablar con palabras nos permite en estos días reconocer y valorar lo preciado de las palabras, desgastadas y vencidas por un uso incontrolado y abusivo.
Desde este no hablar nos reenamoramos de las palabras, unas palabras que, ungidas, pulidas y adecentadas con horas de silencio, dejarán de ser en nuestra vida meros vehículos o soportes de ideas, pura cháchara, y las viviremos como enunciados del corazón.
Cuando después de este tiempo maravilloso de “no hablar” volvemos a hacer uso de las palabras, no sólo diremos cosas con ellas, nos diremos, nos afirmaremos y nos realizaremos con cada palabra dicha. Estaremos en las palabras, vibraremos con nuestras palabras, seremos nuestras palabras, es decir, seremos expresión de un silencio elocuente.
Este no hablar con palabras nos esmera en los gestos, en las miradas y en las sonrisas. El cuerpo silencioso habla por mí, por ti… encarnación del silencio. El Silencio se hace Carne…Cuerpo… y habita en nosotros y entre nosotros.
Al no hablar todo mi cuerpo expresa, se torna diáfano, transparente, pura epifanía del Silencio que le habita.

No es fácil encontrar contextos grupales donde pueda acogerse el cerrar la boca como expresión de una gran apertura y el no hablar como un regalo.
Por eso hay que aprovechar hasta el último minuto y desde cada rincón de la casa, esta oportunidad “única”.

Sentirnos afortunados de no hablar.
De esto se trata: no tanto de “no poder hablar” cuanto de “poder no hablar”.
Vivir y saborear la dicha de no tener que pedir nada, que preguntar nada, que responder nada, que cuestionar nada, que defender o atacar nada.

Este no hablar personal recobra más fuerza e importancia cuando se medita en grupo.
Cada palabra proferida sin necesidad, que podía haberse obviado, que podía haberse no dicho, que es mero deshago para quien la dice, es como un dardo que se clava en la piel que recubre al grupo, vivido como un solo cuerpo.
Es como una herida, por pequeña que sea, por donde comienza a drenarse y perderse la energía del grupo. Se produce una especie de hemorragia vibracional y la densidad y alcance del silencio común, del “entre” silencioso, comienza a descender, a mermar y menguarse.

El silencio grupal no es la mera suma o yuxtaposición de los silencios individuales de quienes forman esa comunidad espiritual. Toma cuerpo en sí mismo, adquiere una entidad propia que, a su vez, va a convertirse en seno, matriz y regazo del silencio personal de cada participante.

La nieve es blanca, pero el esquimal puede distinguir en ella una gran variedad de tonos. Algo parecido experimento en los encuentros de silencio. Cuando en un grupo nadie habla, el silencio se espesa, se dulcifica, se intensifica y gana en belleza. Cobra vida propia, luz propia, mueve su propia energía.
Es entonces cuando el silencio de los corazones comienza a inundar los pasillos, los jardines, las escaleras, las flores, las paredes…. toda la casa. Nada escapa al influjo de este poderoso silencio.

En un silencio así pueden sostenerse y cuidarse los silencios más inexpertos o más costosos.
En un silencio así maduran, como bodegas centenarias, los silencios más veteranos, de mayor recorrido o experiencia.

Sta. Teresa decía: “Varía mucho de –estar- a –estar-“.
Varía mucho el silencio total a un silencio a medias.

¿Se puede estar en silencio a medias?... Sí, se puede no estar en silencio.


A ti, compañero o compañera en este encuentro te pido: No me hables con palabras.
Mantén tu boca sellada, pero tu corazón abierto.
Háblame con tu mirada, con tu sonrisa. Sólo quiero escuchar tu silencio.
Sólo quiero que mi silencio te ayude a escuchar los latidos sagrados de tu Corazón.
Que sea el Silencio ese hilo invisible que una nuestras almas en un mismo pespunte.


JOSÉ MARIA TORO. Herencia. Agosto 2009


Fotografía: Àngels V.R.

5 luces en el Silencio:

Àngels dijo...

Me otorgo el privilegio de ser la primera y dar las gracias a JOSÉ MARÍA por sus palabras, por su buen acierto, por su colaboración... por todo lo que implica esparcir y hacer llegar la riqueza del Silencio.

Un abrazo amigo y que tus palabras nos inunden siempre que así lo desees.

Àngels

Anónimo dijo...

En mi dulce silencio estais vosotros, por que mi corazón os siente y os necesita y desde la más humilde morada mi silencio os abraza y mi ser se envuelve del silencio que tus palabras abrigan.
Sé que no estoy solo y que vuestra paz me acompaña y sé que siento y gozo en el deseo de DIOS que solo su idea me basta para saber entender lo que es el amor.
Gracias a todos. Miguel Angel

Àngels dijo...

Miguel Angel, amigo del silencio, amigo de ese sentir que une sin palabras, sin presencia, sin diálogo de vocablos... en ese "silencio patrimonio de la humanidad"... nos aunamos, nos hallamos, nos encontramos... con el corazón abierto, como bien apunta José Mª

Gracias a ti Miguel Angel, gracias a la presencia de tu silencio, en él te mando un gran abrazo.

Delia Regina dijo...

He participado de encuentros de meditación, pero nunca de uno en el ámbito del silencio total. Imagino que debe ser una experiencia muy apreciada por el corazón que ama el silencio; el entorno no ayuda, pero uno siempre puede crearse sus momentos callados. Entro con frecuencia a la página web de Fernández Moratiel, encuentro paz y ayuda en sus reflexiones.
Lo mismo haré con este blog ahora que lo he descubierto.
Un abrazo en el silencio.

Ernesto. dijo...

Me preguntaba en qué consistirían estos encuentros, dado que el último se está celebrando en Huarte, cerca de donde vivo. Este texto clarifica mucho la cuestión.

Es curioso que iba a llamar por teléfono al número que aparece en la web Escuela del Silencio pero algo me hizo posponerlo para después de una última lectura de tu blog.

Aún así me gustaría saber algo más al respecto. Tal vez leyendo dicha web obtenga más información.

Realmente estoy interesado en el tema Ángels. ¿Hay algo que debiera conocer y que tú pudieses aportarme?

Muchas gracias.