sábado, 21 de julio de 2007

LOS SUCESOS DE NUESTRA VIDA

La vida hay que asumirla
Vivir la vida no es más que eso: ACEPTAR, ACOGER
(j.f.Moratiel)


(Presentaciones PPS: ACEPTAR, ACOGER)

Los sucesos que hay en nuestra vida (los que no nos gustan) suelen tener siempre dos lecturas: una buena y otra menos buena.
- La menos buena es cogérnoslo por lo trágico. Nos desesperamos, nos angustiamos, nos entristecemos… lo cual no nos evita la situación, sino que se extiende, se esparce y no tan sólo en nosotros, sino también a los que tenemos alrededor.
- La buena es aceptarlo. Aceptarlo, no en plan víctima, sino como algo propio e inherente a la propia existencia.

La aceptación no es fácil. No es nada fácil aceptar lo que no queremos o nos hace sufrir, pero (creo o se me antoja y también lo decía Moratiel) que no hay otra alternativa que sea más sencilla. La desesperación, la angustia, la tristeza se siente y se vive igual, porque uno es humano y le duele lo suyo, pero no hay que recrearse en ello más que el tiempo suficiente y necesario para empezar a superarlo.

En ambos casos el suceso es el mismo, pero en la primera opción nos arrastra, nos domina y en ocasiones puede vencernos, en cambio en la segunda es como un tropiezo, una enfermedad e incluso puede ser un aprendizaje. De hecho debemos acogerlo como un aprendizaje. Nuestro deseo, nuestro anhelo sigue estando ahí, pero no se puede seguir caminando llevando un dolor o un sufrimiento mucho tiempo a cuestas.

Es siempre preferible el aceptarlo y aceptarlo lo antes posible. Aceptar no significa olvidarlo, borrarlo o querer creer que lo sucedido no ha sucedido, o que lo que se siente no se siente, esto sería un engaño. Aceptar es asumirlo e intentar ver lo bello, buscar lo favorable, encontrar algo que nos aliente y que nos revitalice en eso mismo que hemos vivido, vivimos o sentimos. En la medida de lo posible ¡claro!

Las cavilaciones, la búsqueda de los por qués, el querer entenderlo nos puede llevar a distintas posiciones, una de ellas puede ser el querer cortar con todo, terminar con aquello que nos ha provocado el dolor. Una radical y drástica decisión puede hacernos experimentar el vacío, un vacío desolador. El vacío de angustia y desesperación es una sensación tremenda para la sensibilidad y el sentir humano.

Moratiel nos habla de ACOGER, de acogerlo todo, porque esta acogida puede darnos el empuje, la fuerza y el coraje que nos permita avanzar. Sin prisas, pacientemente, debemos ser pacientes con nosotros mismos, darnos el tiempo necesario, “es mejor ver la carencia y asumirla, -nos pasa esto, nos ocurre esto… - pero no buscar ninguna compensación”. Vivir cada instante, cada momento, cada ahora porque esa es nuestra mayor riqueza y la vida, nuestra vida, a veces se nos escurre de las manos por quedarnos anclados en episodios del pasado.

ACEPTAR, ACOGER todos los momentos “es la parte más maravillosa de la vida”, porque la vida vivida así es “la vida que sospecha y que intuye nuestro corazón”.

2 luces en el Silencio:

MARIA de ÈGARA dijo...

¡Qué fácil parece! como si sólo fuera proponérselo, pero la realidad es otro cantar. El corazón, el sentir de verdad no hay quien lo domestique, ni quien lo pueda dominar cuando nace desde lo más hondo.

Ana Belén dijo...

Cuando amas verdaderamente eres capaz de respetar las decisiones de la otra persona (aunque no te gusten y no las entiendas), entre otras cosas porque no solo piensas en tu propia felicidad, sino en la del otro. Nadie dijo que esto fuera fácil, pero es necesario. Los reproches, la "no aceptación" sólo nos lleva al desamor, al rencor y a una vida triste anclada en el pasado. Sólo cuando perdonamos, acogemos y aceptamos esos momentos dolorosos podemos apreciar todo lo bello que nos regala la vida.
Me ha gustado mucho la entrada.

Un abrazo Ángels