sábado, 5 de enero de 2008

EL DESIERTO

Entendemos por desierto ese espacio donde existe poco más que arena y quizás algo de terreno pedregoso, donde la vegetación es casi inexistente por la falta de lluvias y que impide una posible vegetación. Belleza de cambiantes dunas y colores uniformados y con algo de suerte un pequeño oasis. Poco más podemos hallar en el desierto.

Ver la belleza del desierto cuando poseemos el agua, la comida y tiempo determinado de estancia en el lugar, nos parece exótico, nos parece un bello contemplar, pero cuando alguien se pierde en el desierto sin sus mínimos necesarios de supervivencia, puede ser aterrador y mortal.

A veces nuestra vida se asemeja demasiado al paisaje de un desierto. Nos sentimos mover, nos sentimos pensar, nos vemos quizás cambiar el exterior, pero experimentamos la monotonía, la falta de expresión y de vivencia, y sin duda, la falta o la pobreza de color en nuestra vida.

El desierto es inhabitable para la mayoría de los seres humanos, hay que haber nacido y haberse criado en esos entornos para adaptarse a ellos. Cuando de repente nos sentimos inmersos en la arena del desierto, en la arena de nuestra soledad, en la arena de nuestro vacío, se apodera de nosotros la desazón, la inquietud, una triste tristeza. No sabemos como orientarnos, donde dirigirnos, hacia donde encaminarnos y nos quedamos quietos como aguardando, esperando… pero… ¿esperando qué?, ¿esperando que el paisaje cambie?, ¿esperando que nos remolquen?, ¿esperar qué?... una espera inactiva, una espera quieta, un aguardar que las cosas cambien… es una pobre actitud; las cosas no cambian por sí solas, las cosas no se modifican por arte de magia, los espacios hay que caminarlos, andarlos y escalarlos si hace falta. Los eventos, los cambios no suelen aparecer por que los esperemos, hay que ayudar a que se produzcan.

Hay vidas que parecen encaminadas, destinadas a grandes etapas de aridez y de vacío en sus días, y algunas se acomodan, llegan incluso a adaptarse a las circunstancias y ven pasar los días en la monotonía, en la rutina, en la uniformidad. Pero también es cierto que en otros seres, aquellos que han sobrevivido a épocas de estragos, de devastación, hay algo que permanece oculto, algo que les impide admitir la presencia desértica en sus vidas, son personas habitadas por la inquietud, por la actividad, por el deseo del simple vivir. Esa fuerza que empuja y que estimula a hallar una salida, el cómo evadirse de tal situación. Seres que asumen inicialmente la aspereza de la situación, la dureza del momento, pero lentamente, sin límite de tiempo, los ves encaramarse hacia el horizonte, hacia el encuentro de un nuevo espacio, de un nuevo lugar durante el tiempo que sea necesario, a veces parecen desfallecer, pero siguen, siguen con ese ímpetu que ni ellos mismos saben de donde surge.

A veces nos parece que toda nuestra vida es un desierto, que todo es aridez y es porque nos agarramos a los instantes, a los momentos del pasado y eso nos impide seguir nuestra andadura. Quizá por eso el desierto es simplemente la respuesta a nuestras ataduras, a nuestros recuerdos, a nuestro pasado que nos impide avanzar y nos escolla en el vacío de un presente que no vemos, que no sabemos distinguir, pero que está ahí, muy posiblemente delante de nuestras narices, lo que pasa es que quizás no es lo que estamos acostumbrados a ver.

Sepamos cruzar el desierto cuando éste se presente, pero no nos quedemos anclados. El desierto nos permite una especie de alto en el camino, una etapa de sabernos y conocernos, y aunque la travesía sea larga y costosa, no podemos quedarnos anclados en ese lugar, nuestro camino es algo más, nuestros días abarcan otros días, nuestra vida es un abanico de infinitos tonos.

7 luces en el Silencio:

elbaile dijo...

Me gustan tus reflexiones de la luz del silencio, da gusto leerte, continua, no se si te has instruido en las explicaciones del Padre Moratiel pero me gusta leerte. Adelante.

M. Àngels dijo...

Es para mí una alegría recibir este comentario, ya empezaba a tener mis dudas de si estos escritos servían para algo.

De nuevo (y gracias por tu comentario) aprovecho la ocasión para invitar a todos aquellos/as que lo deseen a participar en este Blog, cuyo único fin es el de acercarnos unos a otros en esta andadura iniciada por el Padre Moratiel.

Las reflexiones están evidentemente inspiradas en las palabras de Moratiel y aunque son propias y muy posiblemente pueden ser erróneas (eso no lo dudo), pueden ser también motivo de discrepancia en algunos de los que las leéis, pero sinceramente no lo sé. En fin, todo ello se hace con buen fin.

Gracias de nuevo por tus palabras.
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elbaile dijo...

Cuando expresamos nuestras ideas, decir que son erróneas, es un poco atrevido, las ideas son ideas y por tanto pueden ser acertadas o no, lo bueno de exponer ideas es que haya gente que las lea y si es así algo bueno deben de encontrar en ellas, nadie por exponer una idea hace mal a nadie, los que hacen mal son los intolerantes, pero pesar y exponer es bueno. Vuelvo a decirte que adelante.

M. Àngels dijo...

Parece ser que no expresé bien lo que quería decir.

No es que mis escritos o ideas sean erróneas, sino que posiblemente puedan serlo en el tiempo (para mí) y ahora ante la persona que los lea, pero puede ser también a la inversa. Sin duda.

Este comentario que te hice lo dije así en función de que escribo tal y como me surge, tal y como lo pienso en ese momento... quizá debería dejarlos reposar en un cajón antes de ponerlos, pero sé que si lo hago es posible que no llegue a colgarlos nunca en el blog, porque los modifico, los retoco o los cambio una y otra vez, y al final dejan de gustarme o me canso de ellos.

A veces la ligereza de expresión o de escritura puede dar a los textos algo de irreflexión o de poca profundidad, pero aprendí de Moratiel que no hay que pensar tanto las cosas, cuando algo se siente, cuando algo quiere salir… pues que salga o se diga, y en paz. Y esa es la táctica que utilizo en estas reflexiones. Según las vivo, según las pienso, según las siento… las escribo.

Por esa razón valoré tanto tu comentario, porque a parte de Alexandra nadie más ha participado, ni comentado una sola línea.

Estas reflexiones nacen sin día, sin lugar, ni momento concreto, sino que cuando surgen, cuando las siento crecer y piden salir al mundo… yo simplemente las dejo salir, si a alguien les gusta o encuentra algo que valga la pena pues... maravilloso.

Gracias de nuevo por estar ahí.

M. Àngels

elbaile dijo...

De esa forma es como escribo yo, tal como sale, máximo retoco una vez la ortografía, no hago mas, por que si lo pensamos ya no decimos los que en ese momento pensamos, ya no sera nunca lo mismo como tu dices. En fin me gusta y te felicito, eso es lo que he querido decirte en los tres comentarios, suerte y continuare leyéndote, cuando escribas ten en cuenta que estaré yo para leerte.

Anónimo dijo...

Bueno bueno!!! ya hay otro amigo del Silencio que comparte el "tesoro" del corazòn...pues què bien!!! lo importante es compartir! no importa tanto lo què se dice...sino que lo que es realmente importante es aquello que acompaña a las palabras,que no es otra cosa que "lo que no se llega a decir..."( es decir, es el mismo silencio que aflora en cada espacio, uniendo a las palabras, dando sentido y valor a la expresiòn). Como bien dice Moratiel : "lo que realmente cuenta es lo que no se cuenta".
Yo muchas veces me pregunto por què serà que no se comparte mucho la andadura del Silencio...y no encontrè la respuesta. ¿Serà por miedo?, por verguenza? por no saber còmo? o serà por encarnar aquello de Marìa: "y guardaba todo en su corazòn"...tal vez por ser màs fiel al mismo Silencio y no interrumpir el silencio de los otros con expresiones de nuestro pensar y sentir...no lo sè.
Pero yo me pregunto que serìa de la escuela del Silencio sin las palabras de Moratiel, que serìa de la escuela del silencio sin las palabras de la Web, que nos afianza en comunidad, hacièndonos copartìcipes y herederos de una espiritualidad tan bella y delicada como es la comunidad del Silencio. La verdad que yo a travès de ustedes (hermanos mìos) a travès de vuestra presencia a travès de lo que dicen (sintièndome regalada por lo que no dicen) es que alimento la fuerza para seguir aferrada con màs alegrìa y convicciòn en el peregrinar del Silencio.
Soy feliz abriendo mi corazòn y recibiendo el de ustedes.
Fuerte abrazo.
(Tus palabras M. Angels, y toda la web, nutren mi alma como lluvia restauradora en tierra reseca). Otra vez gracias.

M. Àngels dijo...

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Amiga y condiscípula anónima:

Tienes mucha razón en tus palabras, tanto las que hacen referencia a Moratiel como las de María, así mismo reconoces (y contigo todos lo hacemos), que a través de las palabras que corren por el ciberespacio nos unimos, si cabe mucho más; porque una de nuestras características esenciales es la de ser humanos, la de necesitar unos de otros, la de hallar eco, en la realidad que nos envuelve, de todo aquello que anida en nuestro interior.

Como decía Moratiel “No hay ninguna rivalidad, no hay ninguna crispación entre la palabra y el silencio. La palabra es alumbrada en el silencio, nace en el silencio, es generada por el silencio”.

Necesitamos de ambas, de ambas nos alimentamos, con ambas nos sentimos unidos… yo las comparo con el alma y el cuerpo.
El alma necesita del silencio y el cuerpo necesita expresar la palabra.
A su vez el alma crece con la expresión y la comunicación de las palabras de los otros y el cuerpo expresa, manifiesta, la riqueza que se anida y nace en el alma.
El hombre es alma y cuerpo, es silencio y es palabra.

Yo me enriquezco con vuestras palabras y vuestros comentarios. Gracias por el tuyo.

M.Angels
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