sábado, 26 de enero de 2008

NADA Y VACÍO

.
NADA es una palabra que usamos en muchas ocasiones cuando nos referimos a una sensación de vacío, de indeferencia en nuestro sentir y en el vivir la propia vida. Decimos con cierta facilidad “no siento nada” “tengo el vacío dentro de mí” “nada me importa” “no soy nada” “todo es vacío”

Perder unos instantes en repensar estas expresiones, estos conceptos, este sentir que nos inunda es en muchas ocasiones resaltar la evidencia de que nuestras afirmaciones son palabras que utilizamos para expresar un sentir, un estado, pero que en ningún modo expresan la realidad que nos asiste en esos momentos de pesimismo, de negatividad, de angustia o de tristeza.

Decir que “no somos nada”, el simple “somos” ya nos indica que hay algo, hay un sentimiento, hay una presencia, hay un ser que siente una soledad, que vive la noche y el invierno, pero es algo que ahí está, es un alguien que vive. Mal, sufriente, como sea, pero ahí está.

Sentir el “vacío”, experimentar la vacuidad de nuestro ser, de nuestro sentir, de nuestra persona es también expresar la inexistencia de un algo que debería ocupar el espacio que somos cada uno de nosotros. Nos sentimos vacíos, pero experimentamos esa vaciedad porque hay un “recipiente” que es nuestro ser.

La NADA y el VACÍO son expresiones que utilizamos como referencia, pero que nunca y en ningún caso definen una realidad, si así fuera, nada, ni nadie podría expresarlo, ni decirlo, porque “nada” habría, y el “vacío” como vacío en sí tampoco podría sentir, ni expresar su vaciedad.

Esa falta de llenura, esa ausencia de contenido es lo único que realmente tiene sentido, porque aquel que nada tiene, aquel que sólo el vacío le asiste, es el único que arriesga, es el único que la más pequeña expresión de vida constituye una fiesta, es quien da más valor a lo insignificante, a lo pequeño, a la más leve brisa de vida, porque nada puede perder, nada tiene que exponer, todo lo que ocurra, lo que pase o suceda es una ganancia.

Creemos que esas etapas son oscuridad en nuestra vida y sin embargo cuando las hemos cubierto nos damos cuenta que fueron espacios de renovación, espacios de descubrimiento y espacios de encuentro con nosotros mismos. Duros, sí. Tristes, también. Pero hay quién de aquel que nunca haya cruzado el invierno, la noche y las tinieblas porque nada en la vida se descubrirá ante sus ojos y ante su sentir.

Sepamos valorar el justo vivir de la NADA y el VACÍO.
.

1 luces en el Silencio:

Ernesto. dijo...

Me has recordado la época en que habiendo tocado fondo y por ello preguntarnos que algo más que lo conocido hasta ese momento debía haber, un amigo que ya llevaba tiempo en ese despertar que, como nada teníamos, sólo nos cabía "avanzar", solía decirnos: ¡qué "suerte" estáis en primera línea"... Sí, tenía razón.

Me has hecho revivir aquellos momentos en los que no habiendo nada, lo que llegaba era un gozo, una prueba, un vivir en la sencillez... y en la abundancia... un despertar...

Gracias Ángels.