miércoles, 13 de febrero de 2008

DOS

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Humanamente hablando, hace dos años que Moratiel entró en el Silencio. Pero desde este lugar en el que me hallo, creo que muy privilegiado, ahí detrás del teclado del ordenador, casi podría constatar que Moratiel es como si estuviera en algún encuentro, en cualquier lugar de la geografía española o en cualquier otro lugar del mundo. Total para él, eso de las distancias era relativo.

Dos años sin su presencia física, pero un tiempo donde su presencia sigue estando presente, sus palabras resuenan como siempre, su sonrisa la llevamos en nuestro corazón, el tono de su voz lo revivimos de forma más personal, quizás me atrevería a decir más íntima, desde el corazón, desde las grabaciones, en esas frases o conversaciones que cada uno de nosotros compartimos con él y que llevamos grabadas en nuestro corazón, en nuestro silencio... y donde su presencia… está. ¿Cómo? No sabría explicarlo, cada persona, cada discípulo, los amigos que conozco, simpatizantes e incluso internautas… cuando me lo nombran o escriben de él, tienen cada uno de ellos una peculiaridad, un rasgo distinto uno de otro. Moratiel está presente en todos nosotros, no podemos palparlo, no le podemos tocar, no le podemos ver físicamente, pero le sentimos presente y vivo en nuestro sentir, en nuestro corazón, en nuestro silencio.

Hace dos años ya que de forma casi inesperada parecía que el mundo del silencio se derrumbaba, ¡nuestro iniciador, se nos iba! nadie parecía dar crédito a lo que sucedía y a lo que el futuro nos podía deparar, todo se hallaba como en la cuerda floja. Fue ese año 2.006, y después de su partida que todo nos parecía como una especie de prueba, todo era una incógnita ¿qué le esperaba a la Escuela del Silencio?, ¿seguiríamos?, ¿seríamos capaces de continuar?, y ¿cómo si él ya no estaba?... todo eran interrogantes, todo era esa especie de temor ante lo disperso, ante el miedo, ¿por qué quien tomaría las “riendas”?, ¿quién retomaría sus pasos?… El tiempo ha pasado, nadie ha tomado las riendas, muchos seguimos sus pasos, y seguimos al “frente” más o menos los que estábamos, pero cada uno en su espacio, en su zona y pasados dos años ahí siguen los encuentros, reencontrándonos en aproximadamente las mismas fechas, en prácticamente los mismos lugares y con un entusiasmo que a veces me asombra. Nadie dirige, nadie manda, nadie ordena pero la Escuela sigue y sigue funcionando con el mismo entusiasmo y el mismo cariño de siempre; más si cabe, por la “responsabilidad” que de alguna forma uno siente, y por el respeto a la persona de Moratiel y a su Escuela.

Quiero desde esta ventana, discreta en la web, agradecer la entrega, la colaboración, la continuidad, el cariño y el entusiasmo a todas aquellas coordinadoras que retomaron los encuentros de su entorno y ahí siguen todas. No quiero mencionar a ninguna, por la sencilla razón que algún nombre podría olvidarme, pero si deseo destacar a Alexandra que en el año 2.007 inició los encuentros en Uruguay, lugar donde nunca se habían celebrado, a la familia Moratiel, en especial a Lydia y Pepe que se han volcado en nosotros y colaboran en todo lo que está en sus manos, a Reginaldo, el hermano de Moratiel, el cual hace poco tiempo se reunió con él en el Silencio, pero que en esa brevedad en que le conocimos, nos acogió con ese cariño especial que tiene la familia entorno a la Escuela y a sus discípulos.

Son dos años humanos, dos años de un calendario relativo, pero creo que... desde el corazón de todos es simplemente un espacio, un tiempo sin su presencia física, sin su presencia visual, pero con toda su presencia silenciosa. Me gusta pensar o me gusta verlo como otra etapa de la Escuela del Silencio, tenemos en nosotros, entre todos nosotros, la plenitud que Moratiel supo darnos en el silencio y a través del silencio.

A todos, gracias por estar ahí y por continuar caminando juntos.

M. Àngels
ESCUELA DEL SILENCIO

3 luces en el Silencio:

Dominicos en la Red dijo...

Gracias por ayudarnos a seguir entrando en el silencio... alí se nos manifiesta el Dios que sedujo a Moratiel: la palabra nacida del Silencio del Padre

Anónimo dijo...

Quedé en silencio largo tiempo,
nada logró alterar mi alma,
nada quise, todo dejé fluir,
en silencio vi la claridad,
la que se negaba a verla en ruido.

Al final descubrí mi interior,
mi interior necesitaba de alguien
para compartir mi silencio.
¿Puede ser el silencio compartido?
Gracias por las reflexiones.

M. Àngels dijo...

A ti anónimo/a en el silencio nos hallamos. El silencio sólo puede surgir de la propia necesidad, de la propia escucha, de ese llamamiento interior que nos solicita.
El silencio compartido acompaña y facilita el encuentro con nuestro interior, nuestro silencio (cuando se comparte) nos facilita, nos indica, nos muestra y nos hace entender mejor el camino para adentrarnos y descubrir nuestro hondo sentir. Pero esa necesidad, ese grito, esa llamada.. siempre parte de uno mismo.

Gracias a ti, por tus palabras.
Un abrazo.