lunes, 1 de octubre de 2007

SOBRE LA SOLEDAD

Me gustaría expresar brevemente lo que me ha sugerido esta frase, que una querida discípula y amiga, me ha resaltado de los escritos de Moratiel.

“PARA IR HACIA EL MUNDO INTERIOR, PARA IR HACIA NUESTRA PROPIA VERDAD HAY UNA CIERTA SOLEDAD”

Es cierto que la soledad nos empuja hacia nuestro interior. Es cierto también que la soledad nos hace descubrir saberes ocultos, sentires que quizás no sabíamos que estaban en nosotros e incluso realidades que nos perturban y hasta nos puede asustar el admitirlas, es también verdad que en la soledad, en nuestra soledad, es donde podemos hallar alguna respuesta a la incertidumbre o a la inestabilidad que a veces anímicamente experimentamos.

La soledad buscada suele ser hermosa, agradable el vivirla, novedosa cuando nos dejamos llevar por ella. Pero en el sentir humano, la soledad siempre tiene dos caras, como quizás todos los sentires y la mayoría de las vivencias. Cuando uno se busca a si mismo, cuando uno busca la verdad de dentro, la que nos habita, es evidente que necesitamos esos instantes solitarios que favorecen nuestra incursión hacia el interior. Pero existe la otra cara de la soledad, es esa soledad que te toma por sorpresa, esa soledad que te hace caer en la cuenta que lo de alrededor, lo que nos rodea, ya no nos llena, y en nuestro interior tampoco sentimos paz, ni sosiego. Esa soledad es como un cortocircuito y repentinamente nos quedamos en una confusa penumbra, en una soledad sombría que hace oscurecer los instantes de nuestra vida, una vida que se nos antoja como una losa difícil de llevar.

La vida nos ha sido donada para caminar por ella y aprender, con y a través de ella. Nuestra andadura no la marcamos por entero nosotros, podemos elegir, tenemos libertad para escoger, pero hay como unas líneas invisibles que debemos seguir, no todo está en nuestras manos, ni es un completo albedrío.

Moratiel solía decir con cierta frecuencia en el tiempo, que la casualidad no existe. Entonces si la casualidad no existe, es posible que esa soledad venga también indicada por la propia vida, la de cada uno y en nuestras manos esté el aceptarla de un modo u otro. Hay un interior que nos reclama, hay una verdad que nos habita, pero hay al mismo tiempo un exterior que nos obnubila y nos distrae, quizás esa casualidad que no existe, es la forma que la vida tiene para encaminar de nuevo nuestra vida, es el medio, la forma, que nos reconduce al camino, a la andadura que para nosotros está reservada. Así surge esa soledad inesperada que nos sesga las ataduras, los apegos, nuestras dependencias, y tiende a librarnos de ese exterior que nos ata, nos limita y condiciona nuestra individual andadura.

7 luces en el Silencio:

Anónimo dijo...

A veces pienso que sufro de una soledad que se parece a una especie de vacìo dentro de mi imposible de llenar...
He probado de llenarlo...pero sin suerte, pues siempre quedò un espacio como "intocable" que me hacìa sentir mal...pues como incompleta, inacabada, insatisfecha.
Volvìa a buscar, a intentar llenar...a probar...esto, lo otro...aprender nuevas sensaciones, nuevos caminos, nuevos lugares, nuevas relaciones...y siempre el espacio sin poder completar...
La psicologìa que responde, las interpretaciones de moda...las ofertas de afuera...pero el espacio sin llenar...etapas relativamente buenas, se puede decir realizantes...pero... el espacio ahì...y el tiempo que pasa...
Si tuviese que ponerle un nombre a ese espacio para identificarlo le llamarìa "DESEO" deseo de plenitud, de completèz, de donaciòn, de acogida...en que todo el ser està en juego...no es cosa solo del cuerpo, ni cosa solo del alma...ni sòlo de la mente y/o del corazòn...sino de todo el ser.
Hoy...captè fuertemente la presencia del que ES, en el mismo DESEO..."desee con toda el alma y el corazòn no dejar de desear"...el deseo es el motor de la vida...es la forma que tiene el AMOR de desparramarse...sentir el deseo es sentir al mismo Dios.
Dios...no extingas nunca el deseo de Amor que hay en mi...porque consumarlo es ponerle un lìmite...y dejarìas de Ser.
Gracias por mi incompletèz, gracias por ese espacio vacìo,¡Dios està ahì! y amar entonces...es no dejar de desear.

M. Àngels V.R. dijo...

A ti anónimo quisiera decirte que me gusta tu palabra de llamarle “DESEO” a esa necesidad de todo el Ser, de ser y sentir, de amar y vivir. Pero cuando el desear se queda siempre en deseo y no acaba de ser realidad, cuando siempre es todo una larga y eterna espera es como si la vida se fuera perdiendo, la fuéramos dejando en el transcurrir de los días, la perdemos deseando y es entonces cuando la soledad arrastra y hunde el ánimo, es cuando la “vida se nos antoja una losa difícil de llevar”, por ese “espacio sin poder completar”.
Gracias por tus palabras, y sin saber donde y porqué, transmiten la tenue luz de la esperanza.

Anónimo dijo...

ROSALÍA DE CASTRO
(1837 – 1885)

Nació en Santiago de Compostela. Fue bautizada con los nombres de María Rosalía Rita. hija de padres desconocidos. Muy poco se sabe de su educación. Se sabe que en la escuela mostró talento de versificadora. También le gustaba el dibujo, la música y la declamación.

Rosalía de Castro contrajo matrimonio con Manuel Martínez Murguía, erudito cronista de Galicia. Al año siguiente Rosalía da luz a su primera hija, Alejandra, a la que han de seguir seis hijos más. Su domicilio cambió varias veces, entre Madrid y Simancas. Rosalía nunca disfrutó de buena salud. Luchó siempre contra enfermedades, y a menudo con la penuria, vivió dedicada a su hogar, a sus hijos y a su marido, nunca aspiró a la fama. Su marido fue quien la convenció para que publicara sus obras. Murió de cáncer a los cuarenta y ocho años en su casa de Padrón, la cual hoy es un museo. Todos sus hijos murieron antes que ella, sin poder dejar herederos.

De improviso los ángeles
desde sus altos nichos
de mármol, me miraron tristemente
y una voz dulce resonó en mi oído:
"Pobre alma, espera y llora
a los pies del Altísimo;
mas no olvides que al cielo
nunca ha llegado el insolente grito
de un corazón que de la vil materia
y del barro de Adán formó sus ídolos."
Rosalía de Castro.

Si una dulce voz, nos rompe
hasta los tímpanos,
una voz interior,
la mía propia,
díme pues Señor,
si en mí no habita,
aparte del creador,
aparte de mi ego
la persona que ayudó
a Adán, a forjar
nuestro camino.
A tí mujer que caminas en silencio.

M. Àngels dijo...

Si descubriste esa presencia contigo, esa compañera de Adán, para caminar contigo, así estaba para ti dado.
Si esa voz interior "grita" es porque precisa ese espacio...
Difíciles cuestiones planteas amigo/a. Difíciles para que yo pueda o sepa responderte, sigue en el silencio y allí encontrarás la respuesta. La mejor respuesta siempre sale de dentro, de nuestro sentir, de nuestro interior.

Un abrazo.

La esperanza. dijo...

Yo e crecido agarrada ala mano de la soledad. Tengo que reconocer que sufri mucho, tanto que no le deseo a nadie este especial sentimiento de Soledad.
Pero claro, no estoy hablando de esta que es soledad con uno mismo, para encontrarse y tal. No, yo estoy hablando de soledad, de sentirse vacio, de no saber bien que hemos venido hacer a qui, y con quien debemo hacerlo. Pero no es tan mala como decis, si que es verdad que durate el proceso es horrorosa, insoportable, muy muy dolorosa pero una vez sales de ahi, encuentras porfin tu camino a seguir, entonces te das cuenta de que nadie ni nada puede ya contigo porque esa enemiga soledad, ahora se a vuelto en tu mayor aprendizaje. Te hace fuerte, te hace muy muy fuerte. Y hay veces, que ser fuerte viene muy bien

dolly dijo...

Bueno no se... es mas un pensamiento la soledad que siempre experimente en mi alma .. estar rodeada de gente y sentir siempre un vacío... ahora la vida me pone al frente de la realidad física de la soledad ... empezaré a vivir sola... tal vez encuentre mi verdadero rumbo en esta nueva soledad... espero asi sea.

Luis dijo...

la soledad, es relativa, algo mental creo yo. Que no es tanto por el hecho de estar solo, sino por SENTIRSE solo. Podemos estar rodiados de personas y sentirnos solos. Pero no hay duda, aunque sea solo una ilusión... ese sentimiento... es demasiado deprimente.